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La creciente complejidad y volatilidad del entorno empresarial ha obligado a las compañías a evaluar sus estrategias, capacidades y recursos y a reconsiderar el concepto de outsourcing como un medio para enfocar sus retos y prepararse para el incierto futuro
Según IDC, el outsourcing está pasando de ser un mecanismo táctico y de control de costes a convertirse en un movimiento estratégico para cambiar la posición de una compañía. Aunque el coste es todavía un factor fundamental para la mayoría de empresas, dados los retos a los que éstas tienen que hacer frente y la volatilidad de muchas de ellas, actualmente consideran el outsourcing como un medio para aumentar su flexibilidad y adaptarse a un mercado en constante evolución y cada vez más competitivo.
Las relaciones entre el proveedor del servicio y el cliente están cambiando. A medida que el outsourcing se vuelve menos táctico y más estratégico, también debe hacerlo la naturaleza de la relación y el tipo de contrato.
Los clientes buscan una relación más estratégica que les ayude a centrarse en su core business, a hacerse más flexibles y adaptables y a ahorrar costes. Además de saber qué ofrecerles, los proveedores de servicios de outsourcing deben estar preparados para asumir más riesgos y adoptar un papel más activo tanto en la relación como en el resultado.
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